exclamation-point-2620929_960_720-min

Profetas para nuestra Tierra. IV Domingo del T.O. Ciclo C

IV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C

Dios se hace presente en nuestra vida y en la historia de nuestro pueblo de muchas maneras pero hoy la Iglesia nos presenta una forma especial por la que el Señor se manifiesta entre nosotros y es a través de la figura del PROFETA. Que implica ser profeta? Qué criterios nos permiten saber cuál es el verdadero profeta?

 

  1. El profeta NO se autoproclama como tal, sabe que su profecía no viene de su capacidad para “cantar la tabla” al que sea, sino que es un llamado que proviene de Dios desde el vientre materno, como escuchábamos “antes que tu nacieras te había consagrado yo profeta” (Jr 1,5). El profeta no lo es por mérito propio, no es porque  “no tenga pelos en la lengua” sino porque Dios ha puesto esa vocación desde los albores de su existencia.

 

  1. El profeta NO se apoya en si mismo sino en la palabra de Dios. Jeremías se sentía incapaz de ser portavoz de Dios por la inexperiencia de sus juventud, no tenía liderazgo, ni elocuencia, ni influencias sociales o políticas, no obstante abrió su vida al Dios que manifiesta su poder en la debilidad, en la pequeñez y la simplicidad y el Señor hizo de el plaza fuerte, columna de hierro y muralla de bronce frente a toda la tierra. Nos cuesta mucho reconocer a un Dios cercano y cotidiano, que se vale de lo insignificante para hacerse presente, esto fue lo que le sucedió a los vecinos de Jesús, ¿no es este el hijo de José? los de Nazaret no creían que un joven carpintero que creció en medio de ellos fuera el mesías de Israel.

 

  1. El profeta NO es quien predice el futuro, no es un adivino ni un vidente. Mucho menos alguien que augura desgracias, o calamidades como si fuera el fin del mundo. La Biblia para designar al profeta utiliza la palabra nabi, es decir “el que anuncia” la salvación. Jesús el profeta por excelencia, sabía que su misión era anunciar la buena noticia a los pobres, la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos y el año de gracia del Señor (Lc 4,18-19). Ese es el mensaje de todo profeta, lejos de nosotros los predicadores de la ira de Dios, como dice el Papa Francisco: los pesimistas quejosos que viven con cara de vinagre. No confundamos la queja repetitiva, el inconformismo estéril del que nada le gusta, con el auténtico profeta que en medio de las contrariedades tiene una palabra de esperanza.

 

  1. El profeta NO busca aplausos, no quiere la aprobación de los hombres. Su palabra no es como la de un político que dice lo que la gente quiere oír, o la de un medio de comunicación que busca raiting, audiencia o seguidores en las redes sociales. La palabra del profeta es la que indica el camino acertado aunque parezca anormal o no esté de moda. Así como anuncia, está llamado a denunciar, a señalar con misericordia y firmeza los errores e injusticias de su entorno. Porque los errores son errores y no hay que maquillarlos (Papa Francisco). En este punto, es pertinente decir que a nosotros como cristianos católicos nos ha faltado mas profetismo. No podemos escudarnos en la neutralidad de la Iglesia, o en una prudencia, porque hay situaciones en las que callar es legitimar injusticias o realidades que atentan contra el plan de Dios.

 

  1. En este sentido, el profeta NO es alguien que espera comodidades o seguridades humanas, sino que por el contrario sabe que su destino es la persecución. Esta realidad la percibimos claramente en el evangelio de Lucas, el pueblo en tan solo unos instantes pasa de la admiración a la cólera e incluso el deseo de matar a Jesús. Quien asume con fidelidad la tarea de ser profeta de Dios, y voz de los que no tienen voz, los pobres, los marginados, los niños no nacidos, los emigrantes, los campesinos, etc, sabe que tiene una cita con la persecución y con la muerte.

Quisiera que recordáramos que como bautizados todos estamos llamados a ser profetas. Debemos todos ser profetas en nuestras familias, nuestros trabajos, nuestras comunidades y sectores, para que así la verdad de Dios que es la libertad brille en toda nuestra sociedad. Muchas veces oramos para que Dios nos envíe sacerdotes para su Iglesia, que bueno que en esta ocasion oráramos para que el Señor suscite en medio de nuestra comunidad profetas valientes y fieles a Dios, que nos indiquen el camino